Simplemente Emilio...
Caballero andante y de refinado gusto,
con tus dolores a cuestas,
la mano abierta y franca estuvo al instante,
con sonrisa contagiosa y de corazón te entregaste...
A los que buscaban paz para su espíritu,
un trabajo, un remedio, una palabra de aliento,
también “les prestaste” un espejo multicolor
para que elijan su ilusión preferida y mitiguen su dolor...
En tiempos difíciles, como hoy, brindabas
soluciones, aún si esta no fuese material,
con tu carisma inyectabas la alegría en el ser humano,
es que eras el bálsamo para los “males del alma”...
Hubo días que atendías con tu solidaridad
a tantas personas como si fueras Acción Social...
Más, hubo otros en que te veíamos con un dejo triste en tu rostro,
sentías que no podías solucionar tanta necesidad...
Viendo cuán pesada era aquí la carga,
un 23 de junio te llevó consigo el Señor,
te tenía reservado un lugar en su reino
para que sigas ayudándole con tu noble alma ...
Ciudadano ilustre, trabajador incansable,
consultor de jóvenes, periodista y amigo...
Te merecías un descanso, nada más que
nos sorprendiste esa tarde de junio,
no hubo tiempo para la charla de despedida,
esas palabras que compartías, al mediodía, rumbo a casa...
Es que la vida arde como una vela y...
no nos damos cuenta...
Y quedaron cosas por decirte, por eso
al rescatar lo esencial de tu ejemplo solidario,
la eterna sonrisa y tus ojos transparentes,
te nombro “Caballero andante”.
Y como te menciona en el libro a “Su Coronel Suárez”,
Laura Bahl Moreno: “Mago y payaso del alma”,
título de su poesía dedicada a
ti.
Es así, tu magia y alegría la entregabas a los demás,
aunque por dentro tus tristezas vagaban...
Pero de eso la gente no se enteraba,
porque ante todo los hiciste sentir PRIMEROS...
¡Chau
Emilio! ¡Hasta esa próxima vez!.
Pecador...
Pequé por ser bueno y pequé por ser malo,
pues tendí una y otra vez mi mano,
y en mi alma sólo jirones dejaron ...
Siempre fui de frente, idealista, valeroso,
de espalda vino la amarga traición,
fue un día frío, oscuro y tenebroso...
“La confianza mata al Hombre
- dice el saber popular -
... pero el Hombre mata la pureza
del alma con su maldad...”
Confié mis secretos y mis angustias,
brindé mis experiencias y sabidurías...
me devolvieron mal paga,
pisotearon la esencia sagrada de un hombre:
¡La fe sangraba!
Una y otra vez tendí mi mano,
los hechos se sucedieron calcados,
entonces, ingenuamente, un día me pregunté:
¿Hasta cuándo porfiamente seguirás tendiendo tu mano?
mas continué confiando en el ser humano...
Una y otra vez volví a sentir en mi pecho
la cruel daga de la traición de la miseria humana...
y mil veces golpeó fríamente la angustia en mi alma...
Dolido y ultrajado, comencé a desconfiar del Hombre,
resguardando mis secretos, escondiendo mis penas...
a algunos intenté pagarles con la misma falsa moneda...
Un día, caminando por las calles de mi ciudad,
tropecé con la carita traviesa y chispeante de un niño,
en la inocente mirada vi el mundo a través de sus ojos...
... Sonreí y feliz pensé que este estaba salvado,
repentinamente, volvió a mi pecho aquella angustia:
¿Hasta cuándo seguirás porfiamente tendiendo tu mano...?
El abrazo compartido
Entre mis sueños flota una imagen con vos, “viejo”,
la del abrazo compartido...
Como si fuera que algo quedó trunco
desde aquel día de noviembre en que Dios,
piadoso de tu sufrir, te llevó consigo...
Durante tu corta vida, humildes tareas desplegaste,
proyectando películas en el cine "Italia", el referato en el fútbol,
y otras, a las cuales, tu vida entregaste.
Pero una actividad te marcó especialmente...
cartero de noble personalidad, voluntariosa y alegre,
por ese silbido especial, el que a la lejanía
la gente distinguía,
como melodías que el fuelle de tu alma respiraba...
Te imagino realizando múltiples actividades allí
en un lugar del cielo,
donde de seguro a muchos conquistaste
con tu simpatía, la sonrisa y la palabra,
tu figura menuda... y el corazón gigante...
Fue ayer, cuando de noche te levantabas para cobijarme del frío,
imagen que recorre mi memoria y me ayuda a recordarte...
Es saber y haber aprendido desde chico,
aunque mucho hoy no importe,
que una cuna humilde y honrado nombre
vale más que todas las riquezas,
los títulos de nobleza o las apariencias engañosas
de este mundo que se corrompe...
Viejo “nuestro abrazo compartido"
es sentir que siempre estás,
es aprender a valorarte...
Quienes te queremos no te olvidamos,
digo - sin ruido -, yo no te olvido "mi viejo querido...".
· Dedicado a mi padre Juan Dukuen.
El alma de la maestra...
...El alma de la maestra
no entiende de condiciones.
Las agujas de su reloj
marcan las razones,
que con vocación y magia
alegrías e ilusiones
van moldeando corazones.
Caritas angelicales
que no entienden de motivos
con asombro preguntan:
por qué se va señorita...?
Si contigo aprendimos cuentas y divisiones...
...a defender plantas y flores,
a sentir la Patria, entre historias
y actuaciones.
Con las primeras clases
apasionada juventud entregaste,
entre nervios y apuros,
el amor por enseñar inculcaste.
¿Fue pecado o virtud,
de la docencia enamorarte..?
No te vayas señorita...
te pedimos el último esfuerzo
al que no podrás negarte...
...te pedimos tu alma maestra...
entre estas paredes,
aquí has de quedarte!!!
Ella nos cobijará ante los peligros
como lo hizo siempre,
como lo hace una madre...
No te dejaremos ir maestra
pues tu nos elegiste aquél día,
cuando a la escuelita llegaste
para brindar tu vida
y aquí has de quedarte!!!
Los bancos y pizarrones,
los grandes ventanales
las aulas y pasillos,
el mástil, la bandera,
los blancos delantales…
esperarán en el portal
cada mañana tu llegada...
... y allí pequeñas almas hallarán
en tu sonrisa
el fuego sagrado que con amor abrazaste...
por todo esto y mucho más...
...maestra, aquí has de quedarte!!!.
* Del libro "Los latidos del sentimiento" publicado en Junio de 2007.
Autor Jorge Alberto Dukuen.